La tribuna de Juan Pina

No han comprendido los taxistas que la revolución tecnológica produce el bendito efecto de acabar con la necesidad de lo “oficial”, en este ámbito y en muchos otros. Y por no comprenderlo y no actualizarse acabarán en el museo de profesiones pasadas junto a los pregoneros y los serenos. Y junto a las discográficas. Con una agresividad digna de mejor causa, los taxistas “licenciados” señalan la competencia de los no licenciados, esos herejes que se permiten llevar a un pasajero en su coche y cobrar por ello… ¡sin que un concejal haya puesto un sello y un garabato en algún permiso! Lo llaman competencia desleal, pero la realidad es justamente la opuesta. Comerciar es un derecho humano fundamental e inalienable, sea con bienes o con servicios, y no puede depender del permiso de un político.

Lo desleal hacia tus competidores como Uber, Cafity, es pagar a la mafia estatal para que te dé “protección” frente a ellos, para que les impida hacer lo mismo que tú taxista, para que les lleve a los tribunales o a la cárcel si transportan pasajeros igual que tú. Lo desleal es exigir a los competidores el pago de una licencia brutalmente sobrepreciada, además para hacer lo mismo que uno hace.

La deslealtad no se limita a los competidores sino que se extiende a los clientes, cautivos de un sistema que les obliga a pagar un precio más elevado del que se forma naturalmente en el mercado, y a aguantar todo tipo de limitaciones a la flexibilidad del servicio. La cruzada contra la economía colaborativa es uno de los últimos coletazos de la bestia estatal herida de muerte. Contribuye a su desaparición: si puedes, usa alternativas al taxi “oficial”.

Afortunadamente, por mucho que los Estados legislen contra la economía colaborativa y por muchas sentencias antijurídicas que dicten, la economía colaborativa ha llegado para quedarse. Podrán frenarla temporalmente, pero eso sólo va a revolucionar aún más el desarrollo tecnológico. Los costes de hacer cumplir las prohibiciones serán sencillamente impagables.

Entre tanto, los ciudadanos deberíamos exigir al Estado que no se meta en nuestras relaciones comerciales privadas ni se permita la insolencia de condicionar el uso que queramos darle a propiedades como el coche o la casa. La cruzada contra la economía colaborativa es injusta, liberticida, desleal, y sobre todo, impropia de nuestra época. Son los últimos coletazos de la bestia estatal herida de muerte. Contribuye a su desaparición:si puedes, usa alternativas al taxi “oficial”./ Juan Pina.Voz Populi.