MILAGROS AVEDILLO CARRETERO ECONOMISTA DIRECTORA DE SOLCHAGA RECIO & ASOCIADOS

Queridos todos, los de siempre y también los nuevos conductores de Uber y Cabify, pues todos, según la Real Academia de la lengua, sois ‘taxistas’: conducís un taxi, que no es más que un automóvil de alquiler con conductor: Lo que semánticamente parece tan sencillo, resulta no serlo según la normativa: unos tenéis un tipo de licencia, los taxistas, que puede llegar a costar hasta 200.000 euros; y otros, los de Uber o Cabify, usáis otra licencia con un precio de tan solo 7.000 euros.

Los primeros tenéis tarifas reguladas, los segundos tenéis precios libres. Esto es, los dos hacéis lo mismo, pero en condiciones económicas dramáticamente diferentes que ponen en jaque la sostenibilidad del negocio del taxista tradicional. No hay más remedio que adaptarse a una nueva realidad inundada de nuevas fórmulas Lo que más se está resintiendo de todo este embrollo es el precio de la licencia. Si el servicio de taxi deja de ser exclusivo de los taxistas tradicionales, la licencia pierde su valor y además no es posible rentabilizarla: una auténtica ruina para aquellos que invertisteis vuestros ahorros en este negocio o aquellos que pensabais jubilaros con un buen capital tras vender vuestra licencia después de años de trabajo.

¿Quién tiene la culpa? Desde luego los taxistas que comprasteis vuestra licencia a un precio disparatado no, no sois los culpables, estabais comprando un puesto de trabajo. ¿Sois los ‘nuevos taxistas’ los culpables? No, no sois más que conductores que hacen su trabajo. ¿Somos los usuarios los responsables? Desde luego somos los que nos beneficiamos de tener más servicios de taxi y seríamos unos necios si no lo aprovecháramos. ¿Es acaso la Administración quien debe poner freno a la tecnología? Llevan años intentando limitar la entrada a los nuevos taxistas, pero ni pueden ni deben discriminar entre trabajadores y tampoco perjudicar a los usuarios.

El conflicto y vuestro enfado son totalmente comprensibles. Con todo, dudo que una huelga lo resuelva. Tal vez convenzáis a la Administración para que imponga más trabas a Uber o Cabify. Volverán a soslayarlas y reaparecerán de otra forma o en otro formato. Por muchas huelgas y manifestaciones que hagáis, no lograréis recuperar el mundo previo a la tecnología. No hay más remedio que adaptarse a una nueva realidad inundada de nuevas fórmulas tecnológicas que irrumpen en el mercado y crean más competencia. Será una transición dura y seguramente injusta, pero inexorable. Aprovechad mientras podáis, tal vez en el futuro la tecnología permita prescindir no solo de las licencias, sino también de los conductores.