diarope…tras la pista de un taxi driver

Cuando me separé de mi mujer, tenia treinta años, tenía dos cosas imprescindibles: mucho tiempo para pensar y un amigo taxista. Cuando salía de fiesta en aquella época, acababa siempre en la discoteca o en algún pup a las tantas de la madrugada. Al salir a la calle ya terminada la fiesta a veces estaba allí mi amigo el taxista Bencomo, conocía todos los sitios de marcha de la ciudad, sabía que estaba pasando por un momento un poco delicado. Me recogía como un cliente más, me llevaba en su taxi a tomar café, ¡en ese bar que hay en cualquier ciudad que nunca cierra!. Luego me llevaba a casa, después de aguantarme toda la lata que le daba. Siempre estaba ahí, dispuesto a ayudar. No me quería cobrar nunca la carrera, aunque yo siempre le dejaba el dinero, y si no lo quería, lo tiraba por la ventana al salir del taxi, es su trabajo y hay que respetarlo. El me daba la dosis necesaria de consuelo que necesitaba. Cada vez que salía de algún local por la noche, echaba un vistazo haber si estaba mi amigo el taxista, había veces que no estaba y en el fondo me entristecía un poco no verlo por allí, compartir un café, una conversación con este tipo de persona era saludable y agradable. Por cierto tener un buen amigo es a veces muy importante para cuando te encuentras mal. y te recomiendo que si es un taxi driver mucho más. jajajajajaja.  

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