Cuando me separé de mi mujer, tenia treinta años, tenía dos cosas imprescindibles: mucho tiempo para pensar y un amigo taxista y  cuando salía de fiesta en aquella época, acababa siempre en la discoteca o en algún pup a las tantas de la madrugada. Al salir a la calle a veces estaba allí mi amigo taxista Bencomo , conocía todos los sitios de marcha de la ciudad  y sabía que estaba pasando por un  momento un poco delicado. Me recogía como un cliente mas, me llevaba en su taxi a tomar café, en ese bar que hay en cualquier ciudad que nunca cierra. Luego  me llevaba a casa sin cobrarme la carrera, aunque yo siempre le dejaba algo y si no quería se lo tiraba por la ventana al salir del taxi, es su trabajo y hay que respetarlo. El me daba la dosis necesaria de consuelo que necesitaba. Cada vez que salía de algún local por la noche, echaba un vistazo haber si estaba mi amigo el taxista,había veces que no estaba y en el fondo me entristecía un poco no verlo por allí,  compartir un café, una conversación con este tipo de persona era muy saludable y muy agradable.